El retrato de Don Juan José de Austria en el Convento de la Merced de Herencia

LA IMAGEN DE LA MONARQUIA: ARTE Y PODER DE LA CASA DE LOS AUSTRIAS.

El retrato de Don Juan José de Austria en el Convento de la Merced de Herencia.

 

Retrato de Juan José de Austria en la iglesia conventual de La Merced de Herencia

Artículo de Mario ALONSO AGUADO, O. de M. Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de TOLEDO

Publicado en El Semanal de La Mancha del 15 de septiembre de 2017

En estos días, la villa de Herencia, en Ciudad Real, se prepara para vivir con intensidad su fiesta mayor, la Feria y Fiestas Patronales que anualmente dedica el municipio a honor a la Virgen de las Mercedes. Y lo hace a tan solo un año de celebrase el octavo centenario de la fundación de la Orden de la Merced. Fundación llevada a cabo en Barcelona, el 10 de agosto de 1218, en la que el fundador, San Pedro Nolasco, se vio arropado por el obispo de aquella diócesis catalana-aragonesa y respaldado por el rey Don Jaime I de Aragón. Esta Orden redentora de cautivos experimentó con el tiempo una notable expansión haciéndose presente en gran parte de los territorios hispánicos. A semejanza de otras Órdenes religiosas, y siguiendo el espíritu que emanó del Concilio de Trento, la Orden mercedaria fue reformada surgiendo así su rama de religiosos descalzos o recoletos. Fueron precisamente los mercedarios descalzos los que se instalaron en Herencia, la escritura de fundación del Real Convento de la Merced de Herencia data del 13 de noviembre de 1656, el patronazgo del mencionado Convento y de toda su Capilla Mayor correspondió a Don Juan José de Austria, reconocido hijo bastardo del rey Felipe IV, fruto de una de sus frecuentes infidelidades de juventud con la afamada cómica (actriz) María Inés Calderón, apodada por el pueblo como La Marizápalos. Uno de los puntos del documento fundacional, tras reconocer a su Alteza Don Juan José de Austria como Patrono del nuevo Convento mercedario, afirma que ha de poner sus armas en la Capilla y en la puerta del Convento. Asimismo en la sacristía o en otro lugar público, que su Alteza eligiese, se ha de poner una estatua, lienzo o tabla de Don Juan José de Austria, con título de inscripción de fundador y patrón perpetuo del Convento.

En la fachada de la Iglesia Conventual, en lo alto del arco de la puerta principal se conserva su escudo en piedra arenisca, bastante deteriorado, especialmente la corona real, mutilada intencionadamente, lo mismo que la filacteria y la inscripción que tiene alrededor. Mejor suerte ha corrido su retrato al óleo, colgado en una de las paredes del presbiterio, haciendo pareja con el cuadro situado enfrente, el retrato de Fray Juan de la Natividad. Ambos cuadros tienen las siguientes medidas: 170 cm. x 150 cm. En el de Don Juan-José, su busto aparece representado en un gran óvalo central, en la parte inferior tiene la siguiente inscripción: “El Serenísimo Señor D. Juan de Austria, Gran Prior de San Juan de Castilla y León, fundador y patrono de este Real Convento de Herencia. Murió a 17 de septiembre, año 1669, de edad de 50 años, 5 meses y 10 días.” Parece que hay un error de cómputo pues en realidad murió en 1679, diez años después. Hace unos años, el consistorio de Alcázar de San Juan estuvo interesado en adquirir este lienzo, pero los mercedarios se lo impidieron. Tengamos presente que son escasos los retratos al óleo que de Don Juan-José se han conservado, a diferencia de los grabados que son mucho más numerosos. De ahí que el cuadro herenciano sea un importante documento histórico-visual y debamos velar por su conservación.

La verdad es que Don Juan y su entrono más cercano siempre utilizaron con inteligencia una calculada ambivalencia en la imagen que de él se proyectaba, entre la alegoría y la realidad. No olvidemos que en su carrera militar, a pesar de algunas derrotas, obtuvo también sonadas victorias; que fue nombrado Gran Prior de la Orden de San Juan de Jerusalén, en el Priorato de Castilla y León, insignia que lucirá con ostentación y orgullo en sus distintos retratos; y no olvidemos, al fin, que Felipe IV, en 1642, lo legitimó y pasó a recibir el tratamiento de Serenidad. Todo ello, unido a otra serie de circunstancias favorables, lograron que se iniciase la invención de la figura del mito de Don Juan, aprovechando la identidad patronímica para equipararle con el gran Don Juan del siglo anterior. El mismo Don Juan fue diestro en el manejo de la pluma, utilizada sutilmente para crear opinión y propaganda. La publicística satírica, como arma arrojadiza en política, fue abundantemente manejada. Otra herramienta igualmente útil y eficaz como medio de propaganda política de masas fueron, como veremos seguidamente, los grabados.

Retrato de Juan José de Austria en la iglesia conventual de La Merced de Herencia

En el caso del cuadro de la Merced de Herencia, Don Juan se encuentra retratado dentro de un gran óvalo central, ataviado con indumentaria de caballero de aquella época y larga melena peinada con raya al medio. Amplio cuello de lazos anudados. Colgado al pecho exhibe el collar con la insignia que le identifica como Gran Prior de la Orden de San Juan de Jerusalén u Orden de Malta. Circundando el retrato asoman banderas, palmas, laureles y parte de su rica armadura, seguramente alguna de las que aparecen inventariadas en la Real Armería de Madrid como arnés, conjunto de armas con las que Don Juan guarecía su cuerpo. Es de destacar su aspecto físico, mucho más “normal” y agradable a la vista que el de Carlos II, su hermano por parte de padre. Es posible que la renovación genética que tuvo, al ser hijo ilegítimo, haya determinado unos rasgos físicos propios, lejos de la típica fisonomía de la Casa de Austria. Al respecto, resulta significativa la descripción que de él hace la marquesa de Mattaville, dama de honor de Ana de Austria: “el príncipe nos pareció de baja estatura pero bien formado, tenía un rostro agradable, cabellos negros y ojos azules llenos de fuego, sus manos eran bellas y su fisonomía inteligente.” Sin duda, el cuadro de Herencia es un trabajo de gran ejecución, en el sentido de que pretende poner en valor la figura del retratado al representarlo, en calidad de fundador del Convento mercedario, con las armaduras propias de su condición, enfatizando así su importancia histórica y política.

Una investigación de última hora nos ha hecho descubrir un grabado, de la Biblioteca Nacional de España, que presumimos sirvió de modelo al anónimo pintor del cuadro herenciano. Se trata de un grabado del francés Robert Nanteuil, que representa a Don Juan de idéntica forma al retrato al óleo del Convento de Herencia, grabado que suponemos anterior al lienzo. Su autor, R. Nanteuil nació en Reims en 1623 y falleció en París en 1678. Aunque tempranamente estudió filosofía, no tardó mucho en formarse como grabador junto a su cuñado Nicolás Regnesse. En el año 1647 se trasladó a vivir a París donde adquirió notoriedad y fama como pastelista y grabador. Entre otros títulos, fue nombrado diseñador y grabador de cámara del rey Luis XIV. Recibió encargos, no solo del rey, también del Cardenal Richelieu, de la reina Cristina de Suecia y de numerosos nobles y aristócratas. Su obra es variada, sobresaliendo en la misma los retratos, logró un estilo propio, modelando las caras de sus retratados con la máxima precisión, empleando varios tipos de toque para los tejidos y atuendos, y combinando a la perfección las líneas rectas con los trazos cruzados.


Grabado de Juan José de Austria del francés Robert Nanteuil. Biblioteca Nacional de España

Continuando con la investigación hemos encontrado otro par de grabados íntimamente relacionados con el de Robert Nanteuil. Uno es obra de Joannes Blavet (1675), en el que el rostro de Don Juan gira a la derecha del espectador, a diferencia del de Herencia que lo hace hacía la izquierda. El otro es de Giovanni Francesco Bugatti, en el que Don Juan tiene idéntico rostro a los anteriormente reseñados pero con distinta indumentaria.

Podemos concluir que toda la iconografía de Don Juan José de Austria, presente tanto en el cuadro de Herencia como en los distintos grabados analizados, muestra su interés por difundir una imagen de si mismo basada en sus victorias militares como medio de propaganda política, con el fin de aunar y ganar voluntades basadas en ese prestigio militar, para que, a partir de él, demandar una mayor relevancia e intervención en el gobierno de la Monarquía española. Arte e imagen al servicio del poder.

 

 

 

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Publicado por

Claro Manuel Fernández-Caballero Martín-Buitrago

Historiador, docente, articulista, conferenciante y guía turístico. Licenciado en Historia del Arte. Trabajo en el Ayuntamiento de Herencia y formo parte de su Universidad Popular como coordinador del grupo de investigación de Historia Local. Gran apasionado de la historia local, he escrito numerosos artículos sobre el tema en diferentes revistas y periódicos tanto locales como comarcales y regionales, y soy coautor de varias publicaciones sobre historia y patrimonio.

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