La antigua venta de Puerto Lápice

VENTAArtículo escrito por Ángel Martín-Fontecha Guijarro.

La relación de Herencia con el vecino pueblo de Puerto Lápice y en particular con su venta ha sido muy estrecha durante siglos.  Desde el siglo XVI, dicha relación queda puesta de manifiesto en diferentes momentos históricos que se detallan a continuación:

  • El primer dato de esta relación lo tenemos en 1540, cuando en la Real Chancillería de Granada encontramos un expediente donde se cita una Venta en Puerto Lápice, siendo el ventero el herenciano Pedro Gallego.

Precisamente, el 25 de marzo del año 1540, el Alcalde Ordinario de Consuegra, Pedro de Arcecillo, visitó la Venta de Puerto Lapiche e impuso un arancel o impuesto que debía cobrar a los pasajeros, así como obligó al ventero, el citado Pedro Gallego, a acudir a la Villa a pagar ciertas multas en que había incurrido. Esto provocó el enfrentamiento entre Consuegra y Herencia, pues esta defendía su derecho sobre la venta del Puerto, y la justicia herenciana retiró, de inmediato, los aranceles, mandatos, penas y multas que habían impuesto desde Consuegra. El 31 de Enero de 1541 se produce sentencia a favor de Herencia sobre la localización de la Venta del Puerto.

  • En 1558, se independiza Camuñas de Consuegra, y el nuevo ente municipal reclama para sí los derechos sobre la Venta de Puerto Lápice. La reclamación llegó a hacerse de forma violenta produciéndose incluso un ataque con ”… gente a caballo y a pie, con lanzas, ballestas y arcabuces”, que procedentes de la villa de Camuñas se llevaron los pesos y medidas puestos por el Alcalde de Herencia en la Venta y rompieron todos los papeles de propiedad que tenía el ventero. EL pleito, descrito en la documentación presente en el Archivo de la Real Chancillería de Granada duró bastante tiempo, y aunque en algún momento se concediese la jurisdicción a Camuñas (1569), al final las Ventas de Puerto Lápice, que también empezaron a llamarse de San Juan, perteneció a Herencia durante los siglos XVII y XVIII.
  • En 1575, en las Relaciones de Felipe II, los representantes de la localidad herenciana responden al capítulo cincuenta y cinco diciendo que Herencia no es villa “pasajera ni está en pasaje de camino” aunque se manifiesta que en su término hay una venta “… que se dice el Puerto Lápice”. En este momento se indica, además, que esa venta era propiedad de un particular natural de Villafranca.

Clientes asiduos de la venta en este siglo XVI eran, sobre todo, los mercaderes de seda que se dirigían a Murcia. Es en esta época cuando Miguel de Cervantes, situó a Don Quijote y Sancho Panza viviendo algunas de sus aventuras en tan singular paraje del vecino Puerto Lápice.

La primitiva venta, en los siglos XVII y  XVIII, denominada de “San Juan”, tenía unas dimensiones considerables. Incluso poseía una capilla que, con el tiempo, se convertiría en antigua ermita de San Juan de la aldea, y que en un futuro posterior se convertiría en la actual Iglesia de Nuestra Señora del Buen Consejo. En 1785 podemos encontrar una descripción física, hecha por Domingo de Aguerre,  de esa antigua venta, “…como un conjunto de tres edificios, dos de ellos con tejados a dos aguas al menos de dos plantas, con una ventana exterior en la de arriba…, las puertas tienen algún tipo de remate exterior, con decoraciones en piedra y sillares de adobe reforzando las esquinas”. El capellán de la Venta, pedanía de Herencia, era José Bautista Galán y Marín.

A comienzos del siglo XVIII, además de la antigua venta, en Puerto Lápice, existía otra perteneciente a la herenciana María Moreno. Precisamente en esta segunda venta se produjo en 1715 un hecho luctuoso como son “…las heridas recibidas por Bartolomé de Ávila, arriero de Motril, por parte de su amigo Esteban López”. Los detalles de este pleito se conservan en el Archivo Histórico de Alcázar de San Juan.

En 1774, durante el reinado de Carlos III, se inician los trámites para la independencia de Puerto Lápice con respecto a la villa de Herencia. En 1776, se nombró como Alcalde Interino a José Vela Rui; en 1778, el alcalde pedáneo fue Lázaro Rodríguez Borlado (hermano del alcalde de Herencia); y en 1784 se nombra como primer “…Alcalde Ordinario de las Ventas del Puerto Lápice a Cristóbal Remón Ortiz”.

Durante este proceso las crónicas dan fe de la existencia de “al menos 40 casas con 33 matrimonios, además de solteros y viudas, y una ermita dedicada a la Virgen de la Contemplación” .

El diplomático y escritor francés  Barón de Bourgoing, a finales del siglo XVIII (1797), describe Puerto Lápiche como un “…pequeño pueblo cerca del cual Don Quijote, al principio de su carrera, se hizo armar caballero. Está situado al pie de dos laderas sembradas por algunos olivos, y que descienden lentamente hacia la especie de desfiladero donde las vastas llanuras de la Mancha se estrechan un instante para ensancharse después, y extenderse hasta los pies de Sierra Morena”.

El arqueólogo e historiador Ceán Bermúdez describe, en el siglo XIX, a Las Ventas de Puerto Lápiche, como “…una reunión de unas casas que hay en la Mancha, y atraviesa por medio de ellas en forma de calles el camino principal que va a Andalucía. No hace mucho tiempo que se derribaron las ruinas y paredones romanos que había en este sitito, para construir las casas y mesón…”

Sin embargo, es que durante todo el siglo XIX toda la localidad de Puerto Lápice fue maltratada por los hechos bélicos de la Guerra de la Independencia y de las Guerras Carlistas.

Como ejemplo tenemos un suceso ocurrido el 17 de Mayo de 1810 en la Venta, con motivo de la guerra contra los franceses. En él, el ejercito del Centro dirigidos por José de Villaseñor y el capitán Miguel Díaz se encontró con una partida enemiga “… en las Ventas de Puerto de Lapiche la que fue completamente destrozada”. El relato de los hechos fue el siguiente:

José Villaseñor
José Villaseñor

“ El 17 del corriente se dirigían los enemigos en número de 92 infantes desde Consuegra a Villarrubia de los Ojos y al pasar por las Ventas de Puerto Lapichi fueron acometidos por la partida del Capitán Don Miguel Díaz quien mató cincuenta y rindió los restantes”.

Desde la venta, se inició la persecución a otra partida que se dirigía de Consuegra a Lillo, y así con ayuda de las partidas de Eugenio Velasco, Vicente León,  Francisquete (el tío Camuñas) y los vecinos voluntarios de las villas vecinas (entre ellas la de Herencia), y consiguieron prender a 95 franceses y matar a varias decenas de ellos (17 de Mayo de 1810). Fue tal el coste humano que el ejército francés reunió a más 1000 infantes y 150 caballos y con dos piezas de artillería y fue en persecución de todas estas partidas; consiguiendo sorprenderlas en  la Venta de Mota de Cuervo y matando a 50 españoles.

La venta de Puerto Lápice también fue testigo de los hechos bélicos acaecidos durante la Primera Guerra Carlista. El 5 de Septiembre de 1837 las partidas de Orejita y Palillos aparecieron en la localidad, con unos setecientos hombres atacando a la población, prendiendo fuego a algunas  casas. La Guardia Nacional y los vecinos opusieron resistencia durante ocho horas hasta que finalmente los carlistas se retiraron del pueblo.

En diciembre de 1838, el escritor polaco Charles Dembowski, manifiesta que “… en el momento en que entrábamos en Puerto Lápiche una guerrilla carlista evacuaba el pueblo a rienda suelta. Tal era el terror de los habitantes que nos ha sido imposible obtener de ellos la menor noticia acerca de los fugitivos. En enero último, los carlistas se  apoderaron a viva fuerza de este pueblo, antes floreciente´, y en él hicieron tantos destrozos y robos, que el viajero puede preguntarse si ha habido aquí un terremoto. La miseria es tan grande que no hemos encontrado pan, ni vino, ni carne, ni una sola cama, ni siquiera paja para los soldados”.

 Tras décadas de conflictos, el estado de Puerto Lápice era lamentable. A mediados del siglo XIX (1840), el literato francés Teófilo Gautier, en su viaje por tierras manchegas, se lleva una muy mala impresión de Puerto Lápice y así lo describe de la siguiente manera: “… consiste en algunas edificaciones medio en ruinas, acurrucadas y suspendidas en la pendiente de una ladera resquebrajada, grietosa, deleznable a fuerza de sequedad, y que se desmorona en desgarraduras extrañas. El colmo de la avidez y la desolación. Todo es color de corcho y de piedra pómez. Parece que ha pasado por allí el fuego del cielo; un polvo gris, fino como greda molida, enharina más el cuadro… Al ver aquellas miserables casuchas se siente compasión hacia los pobres ladrones obligados a vivir merodeando en un país donde no se encuentra con qué hacer un huevo pasado por agua en diez leguas a la redonda”.

El 12 de febrero de 1841, se sacó a pública subasta en arrendamiento el portazgo de Puerto Lápiche incluyendo su intervención sobre la venta manzanareña de Venta-Quesada , “… por el término de tres años, siendo la cantidad menor admisible la de cincuenta mil reales en cada uno de dichos tres años”.

En el año 1841 se construyó el Ayuntamiento del pueblo, señalándose término municipal con una población de 83 vecinos.

La realidad es que a finales del siglo XIX la antigua venta de Puerto Lápice, que había estado en pie más de cuatro siglos, se encontraba en total estado de ruina. La actual Venta de El Quijote debió situarse en el mismo lugar o muy cercano de la situación de la primitiva venta. Precisamente, los restos de la venta son los que vio el escritor Azorín en 1905, con motivo de la celebración del tercer centenario de la publicación de la Primera Parte del Quijote.

Durante su estancia, Azorín nos habla de diferentes trabajadores de la venta: Andrea, una vieja criada; Pascual, Cesáreo y Ramón, trajineros y carreros de la venta; Don José Antonio, el doctor de Puerto Lápice, y su mujer María,…

El escritor nos describe así el pueblo y la venta:

“Puerto Lápiche está formado sólo por una calle ancha, de casas altas, bajas, que entran, que salen, que forman recodos, esquinazos, rincones. La carretera, espaciosa, blanca, cruza por en medio. Y por la situación del pueblo, colocado en lo alto de la montaña, en la amplia depresión de la serranía abrupta, se echa de ver  que este lugar se ha ido formando lentamente, al amparo del tráfico continuo, alimentado por el ir y venir sin cesar de viandantes.

… La venta está situada a la salida del pueblo; casi las postreras casas tocan con ella. Mas yo estoy hablando como si realmente la tal venta existiese, y la tal venta, amigo lector, no existe. Hay, sí, un gran rellano en que crecen plantas silvestres. Cuando nosotros llegamos ya el sol llena con sus luces doradas la campiña. Yo examino el solar donde estaba la venta; todavía se conserva, a trechos, el menudo empedrado del patio; un hoyo angosto indica lo que perdura del pozo; otro hoyo más amplio marca la entrada de la cueva o bodega. Y permanecen en pie, en el fondo, agrietadas, cuarteadas, cuatro paredes rojizas, que forman un espacio cuadrilongo, sin techo, restos del antiguo pajar. Esta venta era anchurosa, inmensa; hoy el solar mide más de ciento sesenta metros cuadrados. Colocada en lo alto del puerto, besando la ancha vía, sus patios, sus cuartos, su zaguán, su cocina estarían a todas horas rebosantes de pasajeros de todas clases y condiciones; a una banda del Puerto se abre la tierra de Toledo; a otra, la región de La Mancha. El ancho camino iba recto desde Argamasilla hasta la venta”.

Precisamente, debido al estado de la venta, Azorín no pudo aposentarse en ella y lo hizo en el mesón de Higinio Mascaraque Almoguera (nieto de herencianos) y que, con su mujer Dorotea, regentaba el mesón porteño (situado en la calle Prim). Higinio, fue un personaje importante de la vida social de Puerto Lápice en las décadas finales del siglo XIX y primeras del siglo XX. Así fue concejal desde 1886 a 1908, y posteriormente alcalde entre 1908 y 1914; y durante décadas estuvo entre los contribuyentes más importantes de la localidad.

Texto de Ángel Martín-Fontecha Guijarro.

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Publicado por

Claro Manuel Fernández-Caballero Martín-Buitrago

Historiador, docente, articulista, conferenciante y guía turístico. Licenciado en Historia del Arte. Trabajo en el Ayuntamiento de Herencia y formo parte de su Universidad Popular como coordinador del grupo de investigación de Historia Local. Gran apasionado de la historia local, he escrito numerosos artículos sobre el tema en diferentes revistas y periódicos tanto locales como comarcales y regionales, y soy coautor de varias publicaciones sobre historia y patrimonio.

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